CÓRDOBA TARDOANTIGUA
I. Período Bajoimperial
La transición de la Colonia Patricia clásica a la Corduba tardoantigua fue un proceso de larga duración que hunde sus raíces a finales del siglo II (abandono del circo), pero que recibió un impulso definitivo desde mediados del siglo III en adelante.
El Bajo Imperio fue un período clave en la historia de Córdoba, al configurarse paulatinamente un nuevo urbanismo que adquirió sus rasgos definitivos en los siglos VI-VII. Entre los rasgos más característicos tenemos la paulatina contracción de la población hacia el espacio intramuros, de modo que entre el segundo cuarto del siglo III y las primeras décadas del siglo IV, los distintos barrios suburbanos (vici) que rodeaban a la ciudad quedaron progresivamente abandonados. Dicho repliegue no implicó una densificación de la superficie intramuros, donde la tónica general fue la aparición de un urbanismo menos cohesionado en el que se alternaron solares ocupados con construcciones diversas, junto a otros menos densamente ocupados, o incluso, baldíos.
Principales transformaciones en la topografía urbana de Córdoba entre los siglos III y IV según J.F. Murillo et alii (2010, fig. 114)
De forma paralela, el extremo meridional de la ciudad (el más cercano al río, al puente y al puerto) adquirió progresivo peso e importancia, lo que explica la instalación en este punto del centro de poder civil (complejo civil) y religioso (complejo episcopal) de la ciudad.
La progresiva importancia del cuadrante suroccidental de la ciudad explica el continuo refuerzo de la muralla a su paso por este sector. Aun cuando la totalidad del recinto amurallado fue objeto de continuas reparaciones a lo largo de época bajoimperial, las actuaciones más relevantes tuvieron lugar en el espacio presumiblemente ocupado por el primitivo complejo portuario, donde en el siglo V se instaló un primitivo complejo civil dotado de un recinto fortificado (castellum).
El continuo mantenimiento de la muralla contrasta con la evolución de la infraestructura viaria e hidráulica. En el caso de las calles y de las cloacas, éstas ya fueron sometidas a algunas transformaciones hacia época severiana que se intensificaron entre la segunda mitad del siglo III y los siglos IV-V. En este marco temporal ha podido documentarse una relajación en el cuidado de determinadas vías y colectores (materializada en la invasión parcial o total de determinadas calles, en la colmatación de algunas conducciones de saneamiento, y en la ocultación de los primitivos enlosados de varios ejes viarios) frente al mantenimiento y el cuidado de otras arterias de la ciudad.
La disminución paulatina de las labores de mantenimiento de la red de saneamiento estuvo motivada por varios factores. En el espacio intramuros un factor decisivo fue la inutilización de los dos acueductos (Aqua Augusta Vetus y Aqua Nova Domitiana Augusta) que abastecían dicho sector, de modo que solo debieron de continuar en uso aquellas cloacas cuya inclinación o luz interna permitiese su limpieza natural. La anulación de dichas conducciones trajo consigo la desaparición de las fuentes públicas y privadas, por lo que el grueso de la población tuvo que recurrir a otros sistemas alternativos de abastecimiento
Los suburbia de Corduba durante la Antiguedad Tardía según J.F. Murillo et alii (2010, fig. 127)
de agua limpia, como fueron los pozos y las cisternas. La inutilización parcial del Aqua Augusta Vetus hacia los años 50-60 se ha puesto en relación con un terremoto que también pudo provocar la destrucción parcial del teatro. La arquitectura pública y semipública de Corduba sufrió importantes transformaciones en la segunda mitad del siglo III y las primeras décadas del siglo IV, pues en este período la ciudad perdió buena parte de sus equipamientos más monumentales (teatro, anfiteatro, forum novum, complejo de la c. Claudio Marcelo, etc.). A dicha dinámica escaparon otras construcciones entre las que destaca el foro colonial (en uso hasta los años 50-60 del siglo IV), un par de complejos de carácter mercantil situados en la fachada meridional de la ciudad, y sobre todo, varios establecimientos termales que permanecieron en uso prácticamente hasta el siglo V.
No obstante, la principal novedad que caracterizó a la Córdoba bajoimperial fue la construcción del impresionante complejo suburbano de Cercadilla. Levantado hacia finales del siglo III- inicios del IV, su funcionalidad exacta sigue siendo objeto de debate. Pese a ello, en la actualidad está bastante extendida la posibilidad de que en un primer momento, o bien al poco tiempo de su erección, funcionase como sede del vicarius hispaniarum, es decir, del máximo representante de la entidad supraprovincial conocida como diocesis hispaniarum. Con posterioridad, hacia
Maqueta de Cercadilla elaboradapor J. A. Ortega Anguiano y la Escuela Taller Fernando III El Santo
el segundo cuarto del siglo IV, lo más probable es que el conjunto pasase a estar bajo el control de la Iglesia.
En relación con la arquitectura cristiana, tras la legalización del cristianismo mediante el Edicto de Milán (313), dio comienzo una fase de monumentalización que, a lo largo y ancho del Imperio, supuso la construcción tanto de la iglesia catedral, como de distintas iglesias funerarias suburbanas. A dicha dinámica no permaneció ajeno el caput provinciae bético, donde apenas disponemos de información arqueológica acerca de dicha arquitectura. En el espacio intramuros, lo más probable es que hacia los siglos IV-V se conformase un primer complejo episcopal en el espacio ocupado hoy en día por la actual Mezquita-Catedral. Fuera ya del recinto amurallado, debieron de configurarse varios centros de culto dedicados a los principales mártires locales, pero cuya detección arqueológica sigue siendo problemática.
Frente a la arquitectura cultual cristiana, en Córdoba si disponemos de más datos acerca de las viviendas. En el espacio intramuros tenemos evidencias de varias dinámicas que incluyen la reforma de varios inmuebles (nuevos mosaicos, instalación de fuentes, estanques o depósitos); el abandono de determinados inmuebles residenciales preexistentes, y la instalación de nuevas viviendas (modestas o de cierta entidad) sobre antiguos complejos monumentales ya abandonados. Al exterior de la muralla, lo más significativo es tanto el abandono de los vici suburbanos, como especialmente, la construcción y
Vista actual de la villa bajoimperial de Santa Rosa (AST)
monumentalización de todo tipo de propiedades residenciales diseminadas por el área suburbana y periurbana.
En relación con las actividades artesanales y productivas, una de las consecuencias derivadas del abandono de los antiguos complejos monumentales fue su reconversión las nuevas canteras urbanas. Se trata de fuentes de materia prima de las que se extrajeron miles de metros cúbicos de sillería y de mármol cuyo destino exacto sigue sin conocerse con precisión. Otra importante novedad fue la proliferación de núcleos productivos a lo largo y ancho de la superficie in urbe.
La multiplicación de estos centros productivos (dedicados al trabajo del hueso, mármol, metal, etc.) fue coetánea a la aparición en el espacio intramuros tanto de vertederos de diversa índole, como también de enterramientos. En el caso concreto del mundo funerario, el siglo III supuso una creciente movilidad y descentralización de las áreas cementeriales suburbanas. A partir de la tercera centuria hay pruebas de la continuidad de determinadas necrópolis preexistentes, del abandono de otras, así como de la aparición de nuevos sectores funerarios en puntos caracterizados por su heterogénea función previa (doméstica, artesanal, agropecuaria, etc.). A dicho factor hay que sumar el impacto de la religión cristiana, que en Córdoba tuvo su reflejo material en una rica y variada colección de sarcófagos que reflejan la progresiva cristianización de las elites cordobesas.
II. Período Visigodo
La transición de la Colonia Patricia clásica a la Corduba tardoantigua fue un proceso lento y paulatino que se afianzó plenamente en los siglos VI-VII.
Desde un punto de vista urbanístico, la documentación arqueológica refleja la consolidación de un modelo urbano discontinuo y disperso donde se alternaron solares con construcciones diversas, junto a otros menos densamente ocupados, o incluso, baldíos. Aun cuando es evidente la pervivencia de la ocupación en la zona alta de la ciudad, es indudable que la urbe gravitó hacia su extremo meridional, en busca de elementos como el río, el puente y el centro de poder tardoantiguo.
La península ibérica en el siglo VII (AA.VV., 2008, 48)
Tampoco podemos olvidar la aparición en este período de una serie de aglomeraciones suburbanas en el entorno de los principales inmuebles sacros y donde pudo residir parte de la población cordobesa.
La presumible expansión de la ciudad más de sus murallas no implicó un cese en el mantenimiento del recinto amurallado. El siglo VI supuso en el mediodía peninsular un cuádruple enfrentamiento entre el imperio bizantino, el reino visigodo, los rebeldes visigodos y la aristocracia local al que no permanecieron ajenas las defensas cordobesas. Los continuos ataques y asedios que sufrió Córdoba en 550, 568, 572 y 584 parecen haber tenido su reflejo en el cegamiento de algunas puertas y en la restauración de varios tramos.
Muro perteneciente a un edificio de los siglos VI-VII vinculado al centro de poder de Córdoba (AST)
Más limitada es la documentación acerca de la infraestructura viaria e hidráulica, si bien, el registro arqueológico apunta hacia una lenta e inexorable desarticulación del callejero ortogonal propio de época clásica. A la creación de algunas calles de nuevo cuño, y a la privatización de determinas vías, hay que sumar el presumible deficiente estado de conservación de la red de cloacas, puesto que la mayor parte de las documentadas para los siglos VI-VII desembocaron directamente en el Guadalquivir. Se trata de un curso fluvial que no fue utilizado como fuente de abastecimiento de agua limpia,
Hipótesis de ubicación y extensión del centro de poder de Córdoba en los siglos VI-VII según D. Vaquerizo y J.F. Murillo (2010b, fig. 14)
puesto que el grueso de la población recurrió a pozos subterráneos y a cisternas pluviales. Esta imagen contrasta con el uso continuado e ininterrumpido del denominado como “acueducto del vicus occidental”, cuyo destino prioritario debió de ser la iglesia suburbana de San Acisclo.
En cuanto a la arquitectura pública y semipública de carácter cívico, la principal construcción fue el complejo civil, donde posteriormente se instaló el Alcázar andalusí. A dicho espacio hay que sumar varios edificios aislados intramuros vinculados a las elites y que, en algunos casos, pudieron tener una funcionalidad pública o semipública.
Más prolífica es la información acerca de la arquitectura cristiana, conocida gracias a diversas fuentes escritas y arqueológicas. En el interior del recinto amurallado destaca el complejo episcopal, que hacia los siglos VI-VII pudo ocupar más de dos hectáreas de extensión. Esta amplia superficie, correspondiente a grandes rasgos con la actual Mezquita-Catedral, acogió inmuebles como la catedral (consagrada a San Vicente), un baptisterio, el palacio episcopal, así como otras construcciones de diversa funcionalidad y que poco a poco empiezan a ser mejor conocidas.
Placa de venera y ladrillos de los siglos VI-VII conservados en el Museo de San Vicente de la Mezquita-Catedral de Córdoba (AST)
Ya en el suburbio, las fuentes escritas nos hablan de tres basílicas (dedicadas a San Acisclo, San Zoilo y los Tres Coronas). Su ubicación exacta sigue siendo problemática, puesto que apenas contamos con construcciones cuyo uso sacro esté fuera de cualquier duda. La principal excepción es Cercadilla, de donde proceden varios testimonios materiales que reflejan el uso cultual de una parte del antiguo complejo bajoimperial, que también parece haber acogido estructuras de carácter residencial y productivo.
Dispersión de posibles basílicas tardoantiguas según I. Sanchez (2002, fig. 1)
La vivienda cordobesa de los siglos VI-VII sigue siendo una gran desconocida. En el estado actual de la investigación, tenemos constancia del abandono de algunos inmuebles domésticos, la presumible pervivencia de algunas antiguas domus (transformadas quizás en casas de vecinos), la reurbanización del antiguo teatro (donde se instaló un barrio de nueva planta), así como la construcción y/o reforma de determinados inmuebles aristocráticos intramuros cuyo uso público, semipúblico o privado no ha podido determinarse con total precisión.
Al exterior de la muralla sí tenemos conocimiento de varios establecimientos residenciales y/o productivos suburbanos vinculados a las elites que continuaron en uso a lo largo de los siglos VI-VII, e incluso más allá de la octava centuria, cuando algunos se transformaron en almunias.
El grueso de la población cordobesa debió de trabajar en actividades artesanales y productivas que tampoco son fáciles de rastrear. En esta etapa ignoramos cuáles fueron las principales fuente de material lapídeo, así como la ubicación de los talleres de material escultórico y de los hornos cerámicos activos por entonces. Por el momento, la documentación procede en gran medida del espacio extramuros, donde han sido identificadas algunas estructuras artesanales aisladas vinculadas con el trabajo del metal.
Por último, en relación con el mundo funerario, los siglos VI-VII se caracterizaron por la desaparición de buena parte de las antiguas áreas cementeriales suburbanas preexistentes, con la consecuente concentración de los enterramientos en determinados puntos como el entorno de las basílicas. En esta etapa resulta evidente la cristianización de la topografía funeraria, al haberse recuperado un rico catálogo de inscripciones cristianas descontextualizadas. En cualquier caso, el limitado número de tumbas de los siglos VI-VII (en comparación con época bajoimperial) podría apuntar hacia un descenso de la población cordobesa por los efectos derivados de plagas, hambrunas y brotes de peste. Aun cuando el grueso de la población se enterró en el suburbio, en el espacio intramuros tenemos evidencias de varios enterramientos asociados presumiblemente a establecimientos
Inscripción funeraria de los siglos VI-VII procedente de Cercadilla (AST)
residenciales y/o productivos cercanos. A la espera de futuras intervenciones arqueológicas, tan solo podemos plantear la posibilidad de que el complejo episcopal albergase determinadas sepulturas privilegiadas, tal y como se ha documentado en otros grupos episcopales peninsulares.