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LA RED DE PARROQUIAS
La conquista de la ciudad de Córdoba por Fernando III en 1236 sigue el patrón habitual de lo que fue la Reconquista en estos últimos siglos. Tras una resistencia militar más o menos prolongada, se llega a una capitulación en función de la cual la población musulmana se ve obligada a abandonar las ciudades, que se convierten en islas cristianas rodeadas de un ámbito rural de mayoría musulmana. Para facilitar su defensa, se hace necesario llenar el vacío de población con cristianos de otros lugares, repartiéndose bienes urbanos a los conquistadores, que reciben además leyes muy benévolas. El conjunto de estas leyes es conocido como Fuero.
El Fuero de Córdoba fue entregado por Fernando III en 1241, y en él se organizaba la ciudad en Collaciones, circunscripciones administrativas cuyo centro era la iglesia. En Córdoba Fernando III creará catorce, siete en la Villa (Sta. María, S. Nicolás de la Villa, S. Juan, Omnium Sanctorum, S. Miguel, S. Salvador y Sto. Domingo de Silos) y siete en la Ajerquía (S. Nicolás de la Ajerquía, Santiago, Santa Marina, S. Pedro, S. Andrés, S. Lorenzo y la Magdalena). En el siglo XIV se creará una nueva, la de S. Bartolomé, que abarcaría parte de la de Sta. María (Catedral) y el nuevo barrio del Alcázar Viejo.
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La estructura de estas collaciones era de forma radial con la parroquia como centro; frente a la parroquia una plaza donde desembocaba la calle principal de la collación, algunos de estos nombres han quedado fosilizados en el callejero actual, como por ejemplo la calle Mayor de Santa Marina, que unía la desaparecida Puerta del Colodro con la iglesia.
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No obstante, estos cambios afectan poco en un primer momento a la configuración urbanística de la ciudad, que continúa manteniendo un callejero típicamente musulmán, con numerosas calles sin salida, recodos etc. Este urbanismo contrasta fuertemente con el de la Collación de San Bartolomé, construida ex profeso en una zona de huertas en el límite sur occidental de la Villa, con calles rectas y un trazado ortogonal.
Las iglesias de esta época se construyen conforme al llamado modelo cordobés, que aglutina elementos decorativos de tradición románica con un gótico incipiente unido a una fuerte influencia mudéjar. Así, su planta es de una cabecera con tres capillas abovedadas, tres naves con cubiertas de madera, y un alzado consistente en un muro armado con sillares a soga y tizón. La fachada refleja la estructura del interior y sobre la portada un rosetón; además, se abren dos puertas en los laterales. Las torres se componen de un primer cuerpo de época medieval, aunque por regla general son terminadas en épocas posteriores. Como detalle interesante resalta la reutilización como torres de los alminares de las antiguas mezquitas (uno de estos ejemplos lo encontramos en la iglesia de Santiago)
La Edad Media termina en Córdoba con esta configuración en quince Collaciones, aunque el devenir histórico cambiará las cosas especialmente en la Villa. Las antiguas collaciones de San Juan y Omnium Sanctorum serán unidas en una sola, que se asienta en el antiguo convento de la Trinidad, dando lugar a la actual Parroquia de San Juan y Todos los Santos. Lo mismo ocurrirá con las parroquias de San Salvador y Santo Domingo de Silos, que se ubicarán en la iglesia del convento de los Jesuitas, que se conoce por ello como de “La Compañía”. De todas ellas no queda resto alguno, si exceptuamos los de la iglesia de Santo Domingo de Silos, integrados en el edificio del Archivo Provincial.
También en la Ajerquía habrá cambios, aunque menores. La antigua iglesia de San Nicolás de la Ajerquía será abandonada, y el culto se trasladará a la del convento de San Francisco, afectado por la desamortización. De la antigua iglesia aún se conservan dos portadas, si bien actualmente sirve como aparcamiento.
Un paseo por la red de parroquias fernandinas de Córdoba.
Una propuesta de recorrido por estas singulares manifestaciones de arte religioso –extrañas expresiones castellanas en una ciudad todavía de fuerte tradición islámica- puede comenzar en la iglesia gótica de Santa Marina, una de las de mayor tradición de la ciudad, desde la que se observa la portada barroca del convento de Santa Isabel de los Ángeles, que da acceso a su vez a la portada renacentista de la iglesia del Convento.
Saliendo de la Plaza de San Rafael por la calle Roelas nos dirigiremos a la iglesia de San Lorenzo, cuyo rosetón gótico resulta verdaderamente emblemático. Destaca también el pórtico que protege la fachada principal y la torre, cuyos últimos cuerpos fueron construidos por Hernán Ruiz II en el Renacimiento. Tras visitar San Lorenzo será nuestro próximo objetivo la iglesia de La Magdalena, actualmente sin uso litúrgico. Muestra algunos caracteres arcaizantes, aunque su cronología no es la más antigua, y en ella se ofrecen habitualmente interesantes exposiciones culturales. |
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De La Magdalena marcharemos hacia San Andrés por la calle Muñices, que toma su nombre de la familia de los Muñices, cuya casa, del siglo XVIII (hoy Colegio de San Lorenzo), se ubica en la misma calle, y después por el Realejo, donde se conserva la casa del Marqués de Santa Marta (antigua casa de los Guzmanes) con fachada del XVIII, pero con algunas pervivencias del XV en su interior. Ya en la plaza de San Andrés visitaremos la iglesia, muy remodelada, y prestaremos atención a la casa de los Luna, renacentista, cerca de la cual se encuentra además el Palacio de Orive, recientemente rehabilitado para usos culturales, cuya fachada también renacentista es obra de Hernán Ruiz II.
No obstante, este recorrido puede ampliarse, incluyendo otros magníficos ejemplos de esta arquitectura religiosa, entre los cuales, la Parroquia de San Nicolás de la Villa, (con una torre admirable, así como su Capilla Bautismal, en la calle Góngora), la Iglesia de Santiago (cuya torre está construida sobre el alminar de una antigua mezquita, en la calle Agustín Moreno), la Iglesia de San Miguel ( en la plaza del mismo nombre) o la Capilla de San Bartolomé (integrada en la actual Facultad de Filosofía y Letras), que constituye uno de los mejores ejemplos del gótico mudéjar en Córdoba.
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BIBLIOGRAFÍA.
JORDANO BARBUDO, Mª Á. (1996): Arquitectura medieval cristiana en Córdoba: desde la reconquista al inicio del Renacimiento. Córdoba.
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