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LAS MURALLAS CRISTIANAS DE CÓRDOBA
Desde su conquista, y a todo lo largo de la etapa bajomedieval, Córdoba fue adaptándose a la vida de sus nuevos ciudadanos, readaptando su imagen urbana mediante la fusión de dos modelos: el musulmán y el cristiano; algo que tiene lugar exclusivamente a intramuros, perdurando el resultado hasta el siglo XIX.
Como ya se ha señalado, la herencia que dejan los musulmanes a los cristianos cuando estos últimos conquistan la ciudad en 1236 es un cinturón murario que divide la ciudad en dos sectores: la Villa –antigua al-Madina- y la Axerquía –antigua al-Sharqiyya-, con sistemas constructivos distintos, siendo el de la Villa de mayor calidad, como pudo ser probado por los cristianos en el mismo momento de la invasión, muy fácil en la Axerquía mientras que, sin embargo, exigió de seis meses de asedio en el caso de la Medina.
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Estas murallas serán ya objeto permanente de reparaciones al irse degradando con el paso del tiempo, como lo prueba la vasta información disponible de época bajomedieval relativa a obras en los muros de la ciudad. Estos documentos reflejan una profunda preocupación que afectaba tanto al estamento monárquico, concejil como eclesiástico. Ahora bien, desde el punto de vista arqueológico las reparaciones cristianas de las murallas se confunden con las musulmanas al ser realizadas por operarios moriscos. Con excepción de los lienzos califales, para los que se empleó sillería a soga y tizón, la mayoría son de tapial. En las reconstrucciones cristianas se emplean tanto la piedra como el tapial. |
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La altura de la muralla variaba entre cuatro y quince o más metros, estaba coronada por merlones y tenía camino de ronda y un adarve interior que la rodeaba. Escaleras al aire habrían permitido el acceso al muro. El carácter defensivo se aseguraba en gran parte por la presencia de torres, las cristianas normalmente de planta cuadrada, que bordeaban todo el recinto amurallado. Su aspecto exterior se completaba por una serie de puertas o postigos que no sólo tenían una finalidad práctica, de control de personas y mercancías que entraban y salían de la ciudad, sino también un carácter simbólico, como acceso a un mundo distinto. Las puertas ocupaban un lugar alejado de los vértices de las murallas y su emplazamiento se vinculaba con la presencia de, al menos, una torre cercana que permitiera una defensa más efectiva, ya que cualquier vano suponía un punto débil que facilitaba el ataque. Por este motivo, puertas y torres estaban vigiladas por los jurados y las primeras se cerraban por la noche, quedando la ciudad incomunicada con el exterior, donde raramente se construyó alguna casa.
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El espacio urbano delimitado por las murallas de la Villa del siglo XIII era todavía el mismo que el de la antigua ciudad romana. Sin embargo, en el siglo XIV se ve alterado por la construcción del Alcázar, la Huerta del Alcázar y el Alcázar Viejo, que se cierra entre 1369 y 1386 por orden del alcalde mayor Lope Gutiérrez. Se conforma así un saliente que, partiendo desde el Molino de la Albolafia hacia el Oeste, paralelo al Guadalquivir, gira hacia el Norte frente al lugar conocido como “Paredes Gordas” para enlazar, a la altura de la Puerta de Sevilla, con el lienzo occidental de la muralla de la Villa.
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Los resultados de las últimas intervenciones arqueológicas en la muralla meridional de la Huerta la divide en dos zonas: la oriental, construida sobre estructuras preexistentes islámicas, y la occidental, de nueva obra, en la que se introducen con posterioridad elementos ornamentales (cornisa moldurada, pretil), al construirse a sus pies un paseo para esparcimiento de los ciudadanos (Paseo de la Alameda, construido en el siglo XVI por el corregidor Francisco Zapata de Cisneros). |
En cualquier caso, las murallas de la Villa y de la Axerquía mantienen un trazado similar al de la etapa musulmana, perdurando más o menos inalteradas hasta que a mediados del siglo XIX la introducción de nuevas ideas urbanísticas e higiénicas procedentes de Europa provoca la destrucción de buena parte de ellas, por considerarlas como un impedimento para el desarrollo de la ciudad. De esta forma, uno a uno van cayendo lienzos de muralla, torres y puertas. Sólo se salvan de este movimiento la Torre de la Malmuerta, la Puerta del Puente, la Puerta de Sevilla y la Puerta de Almodóvar. No obstante, la pervivencia del topónimo nos ha permitido conocer el enclave de todas las puertas de época cristiana. Así, junto a estas tres y siguiendo el sentido de las agujas del reloj, en la Villa abrirían, además de la Puerta de Almodóvar, la Puerta de Gallegos, la Puerta Osario, la Puerta del Rincón, el Portillo de la Fuenseca o del Bailío, la Puerta de Hierro o del Salvador, el Portillo Corvache y la Puerta de la Pescadería; mientras que en la Axerquía tendríamos la Torre de la Malmuerta, la Puerta del Colodro, la Puerta de la Misericordia (Alquerque o Excusada), la Puerta de Plasencia, la Puerta de Andújar, la Puerta Nueva, la Puerta de Baeza, la Puerta de Martos y la Puerta del Sol. |
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BIBLIOGRAFÍA.
ESCUDERO, J.; MORENA, J.A.; VALLEJO, A.; VENTURA, A. (1999) “Las murallas de Córdoba (el proceso constructivo de los recintos desde la fundación romana hasta la Baja Edad Media)” en GARCÍA, F. R. y ACOSTA, F. (Coords.): Córdoba en la Historia: La Construcción de la Urbe. Córdoba, 201-224.
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