LA FORTALEZA DE LA CALAHORRA


   La fortaleza emplazada en la cabecera del puente, conocida como la Calahorra, constituye uno de los mejores ejemplos de edificio histórico que, con unas especiales condiciones de conservación, resume y condensa la historia medieval de la ciudad. Los episodios bélicos y el contexto en el que estos se desarrollaron dejan una huella muy firme en la memoria histórica de la ciudad y provocan, además, numerosas transformaciones en la estructura y fisonomía de la torre, al tener que adaptarse a las diversas condiciones de defensa y a las nuevas técnicas y tácticas militares.

   

    La referencia textual directa más antigua que menciona la existencia de una fortificación protegiendo la entrada al puente mayor de Córdoba data de 1236 durante el asedio para la conquista de la ciudad por parte de Fernando III. Para cortar la salida y aprovisionamiento de las huestes islámicas a través del puente, las tropas castellanas superaron el río con balsas y pudieron apoderarse del “Castrum quod erat in ipso ponte”, es decir, la fortaleza que había en el mismo puente.

    Sin embargo, en su fachada principal –la orientada hacia el río y a la ciudad de Córdoba–, aún se pueden distinguir varias fábricas distintas que permiten apuntar la existencia de obras anteriores a las mencionadas en la crónica cristiana. En concreto, en la parte central se distinguen con claridad vestigios de un aparejo regular de sillería dispuesto a soga y tizón de tipo califal, que enmarca un amplio arco de herradura ligeramente apuntado, cegado por reformas posteriores, muy deteriorado y parcialmente restaurado. Estos elementos confirman la existencia en época islámica de una puerta monumental en este lugar, compuesta por un gran arco soportado por dos torres laterales, paso obligado para ingresar al puente desde la orilla sur.

   Pero este edificio primitivo no debió tener la entidad de fortaleza con la que es calificada por las fuentes escritas. De hecho, recientes intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en el Campo de la Verdad –en el solar ocupado por la antigua Posada del Puente, al Sur de la torre actual–, han puesto de manifiesto la existencia de un amplio recinto amurallado de planta rectangular, construido con muros de encofrado de tapial, flanqueado por torres en las esquinas, a modo de alcazaba, que protegería el acceso al puente. Esta nueva fortificación se ha fechado con bastante fiabilidad en la segunda mitad del siglo XII, en época almohade, como refuerzo de las defensas en torno al alcázar andalusí, y en un emplazamiento estratégico para la protección de Sevilla, la capital almohade de al-Andalus, y punto de partida de expediciones de saqueo en territorio cristiano. Muy probablemente ésta sí es la fortificación que aparece mencionada en la crónica castellana.

   Sin embargo, el edificio que actualmente se puede contemplar, al menos en su mayor parte, es el resultado de las reformas emprendidas durante el siglo XIV. Tras la batalla del Campo de la Verdad, que tuvo lugar en 1368 entre las tropas de Pedro I el Cruel y su hermanastro Enrique II Trastámara, quedó de manifiesto la importancia de este enclave fortificado para el control y defensa de la ciudad. De este modo, Enrique II, el vencedor de esta contienda civil castellana, procedió a reparar la fortaleza, convirtiéndola en un castillo exento y cerrado. A esta fase pertenecería el escudo con las armas de Castilla y León que se conserva en la fachada oriental, bajo el cual se abren estrechas aspilleras para flanquear el camino. El edificio resultante, completado a su vez con nuevas adiciones, está realizado con sillares bien labrados en los que se distinguen numerosas marcas de cantero, y presenta una planta cruciforme de tres brazos, con dos torres circulares que sobresalen en los ángulos. El acceso a esta torre se realiza ahora a través de una entrada en altura, situada en la fachada principal, provista de un puente levadizo o retráctil que quedaría encastrado en el rebaje dispuesto para ello.

      La consecuencia inmediata de esta nueva construcción fue el cierre del antiguo ingreso directo hacia el puente bajo el arco islámico, es decir, por el interior de la Calahorra, y la necesidad de abrir un nuevo acceso al puente. Para ello, se construyó un nuevo arco en éste, realizado en ladrillo, que desviaba el camino por el costado oriental de la torre.

  

   Durante la segunda mitad del siglo XV, la Calahorra se acondiciona con nuevos elementos defensivos, como las troneras de cruz y orbe, destinadas a instalar piezas de artillería de pólvora. Estas obras probablemente deban adscribirse al período de control de la ciudad por parte de D. Alfonso de Aguilar, noble cordobés, protagonista de la agitada vida política de Córdoba durante las guerras civiles castellanas. Por último, la barrera o muralla baja que rodea a la Calahorra por el sur debe datar de principios del siglo XVI, como consta en un documento de 1514, en el que la reina Juana reclama la conclusión de la “caba y barrera en la Calahorra”.

   La pérdida de su funcionalidad defensiva condujo a esta fortaleza a cumplir los más diversos fines: desde cárcel de la nobleza, a cuartel de milicias y Escuela de Niñas durante el siglo XIX; Cuartel de la Guardia Civil y Museo de la Ciudad hasta mediados del siglo XX. En la actualidad alberga el “Museo de las Tres Culturas”, de la Fundación Roger Garaudy.

 

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