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EL ALCÁZAR CRISTIANO
Tras la conquista castellana de la ciudad el solar ocupado por el antiguo Alcázar andalusí fue repartido entre el rey Fernando III, el obispo, algunos nobles y la Orden de Calatrava. Surge entonces la necesidad de fortificar parte del núcleo en el que tradicionalmente se había instalado la sede del poder político y religioso de la ciudad, aprovechando para ello un sector del solar antes ocupado por el alcázar islámico, en origen mucho más extenso; concretamente el ángulo suroeste del recinto amurallado cordobés, un emplazamiento estratégico desde el que se controla el acceso desde el río por el puente mayor, junto al arrecife (o al-rasif) y en las inmediaciones del edificio religioso principal, la mezquita-catedral.
Pese a la aparente uniformidad de la fortaleza cristiana, se trata de un intrincado conjunto arquitectónico, fruto de sucesivas construcciones a lo largo de los siglos, particularmente intensas en el interior de los dos patios en los que se subdivide el espacio intramuros. De hecho, se distinguen a simple vista aportaciones de muy distinto signo, pertenecientes a fases constructivas de cronología diversa, tanto de época bajomedieval, como moderna y contemporánea. Así por ejemplo, la torre sureste, o Torre de la Paloma, fue reconstruida a principios de la década de 1980. Esta innegable complejidad se traduce en una falta de acuerdo con relación a la fecha de construcción del alcázar cristiano.
Si bien la atribución cronológica tradicional considera la edificación como una obra homogénea, fruto de la iniciativa de Alfonso XI en 1328, parece obvio que un edificio histórico de las características, entidad, ubicación y continuado uso que tiene el Alcázar, no es obra de un único impulso constructivo, sino consecuencia de la aportación constante de reformas, ampliaciones y modificaciones. De hecho, contamos con referencias textuales que mencionan la existencia en esta zona de un espacio conocido como “Alcázar del rey” en el que se instalaron los frailes agustinos ya en 1313; por tanto, con anterioridad a la fecha tradicionalmente propuesta. Según esta hipótesis, a este primer alcázar cristiano pertenecería la mitad septentrional del recinto, incluyendo la Torre de los Leones –actual acceso–, la torre octogonal del Homenaje y el lienzo de muralla que las une, limitando al sur y oeste con la propia muralla de Córdoba.
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Poco después, en 1328, Alfonso XI completaría la planta del alcázar, incorporando su mitad meridional hasta conformar el perímetro que se puede observar en la actualidad. Se trata de un castillo de planta cuadrangular, con torres en las esquinas y en el centro de los lados este y sur –actualmente desaparecidas–, con un único patio central en torno al cual se debieron disponer estancias perimetrales. A partir de este momento, se convierte en la residencia real en Córdoba y experimentará sucesivas reformas, como el acondicionamiento de unos baños y la construcción de diversas estancias interiores, decoradas con pinturas parietales que reproducen el escudo de Castilla y León. |
Durante el reinado de Enrique IV, en la segunda mitad del siglo XV, este edificio debió asumir un especial protagonismo en las guerras civiles que se desarrollaron por la sucesión del trono de Castilla. La tenencia de las dos principales fortalezas urbanas de Córdoba, la Calahorra y el propio alcázar será uno de los objetivos prioritarios por parte de los dos bandos contendientes para controlar militarmente la capital cordobesa. Por este motivo se refuerzan sus defensas, acondicionándolas a las nuevas técnicas militares, una de las cuales consistía en la incorporación de la artillería de pólvora al asedio y defensa de las fortificaciones. Es precisamente en este contexto cuando debieron llevarse a cabo las obras de construcción de la actual Torre de la Inquisición, situada en el ángulo S.O. del edificio, probablemente sobre los cimientos de una torre previa, de diferente fisonomía y desprovista de estos nuevos dispositivos defensivos, como las cámaras de tiro y las correspondientes troneras con las que cuenta en cada uno de sus tres plantas interiores.
Tal vez como reacción ante esta situación de riesgo, y en el marco de una campaña sistemática por parte de los reyes Católicos de destrucción o abandono de antiguas fortificaciones, en 1482 el Alcázar Cristiano es cedido al Santo Oficio para instalar aquí el Tribunal de la Inquisición. Este cambio de uso debió afectar profundamente a la disposición interior del edificio, que hubo de pasar de fortaleza eminentemente militar y defensiva a un destino residencial y de tribunal eclesiástico. Para ello, se reorganizó la distribución de los espacios, en torno a dos patios interiores (el oriental o de Mujeres y el occidental o Mudéjar), dotándolos de elementos de carácter doméstico, administrativo, etc...
Con este uso se mantuvo hasta 1810, momento en el que al igual que sucedió con multitud de antiguas fortalezas medievales, fue ocupado como cuartel de las tropas napoleónicas asentadas en la capital. En marzo de 1821 el Alcázar pasa definitivamente a manos del Ayuntamiento de Córdoba, que adapta el edificio como cárcel pública, para lo que experimenta de nuevo profundas transformaciones, como la creación de varias naves para celdas. En estas condiciones se mantuvo durante el siglo XIX y hasta 1931, cuando el Alcázar es declarado Monumento Histórico-Artístico, incorporándose a partir de la década de 1950 al circuito turístico del casco antiguo de Córdoba.
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BIBLIOGRAFÍA.
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