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LA CÓRDOBA ISLÁMICA: LAS MURALLAS
Frente al papel definitorio jugado por las murallas en la ciudad romana, en la ciudad islámica no constituyen un elemento determinante, lo que contribuyó a que durante buena parte del período andalusí (Emirato y Califato) se mantuviera el mismo perímetro amurallado de época romana que delimitaba la Madina , sólo ampliado tras las luchas civiles que acabaron con la disolución del Estado Omeya.
Cuando los musulmanes llegan a Corduba , denominada posteriormente Qurtuba , las defensas de la ciudad estaban en un lamentable y ruinoso estado; el escaso interés que despiertan queda reflejado en el hecho de que se le da prioridad a la reconstrucción del puente utilizando para ello los materiales procedentes de la derruida muralla occidental. Con todo, a lo largo de toda la etapa andalusí se reconstruye la antigua cerca con aparejo de piedra a soga y tizón , parcialmente conservado en algunos tramos de las calles Cairuán y San Fernando.
La muralla de la madina contaba con siete puertas, la Bab al-Qantara o Puerta del Puente, localizada al sur de la Mezquita y junto al río, la Bab al-Hadid o Puerta de Hierro, emplazada en el lienzo oriental, al igual que la Puerta de Abd al-Yabbar o Puerta de Roma. En el lienzo septentrional es posible que se ubicara la Bab Luyun o Puerta del León, y en el occidental la Bab al-Amir , denominada más tarde Puerta de Gallegos, junto a la que existía un cementerio, la Bab al-Yawz , identificada con la Puerta de Almodóvar, y la Bab Isbiliya o Puerta de Sevilla.
Durante el Califato, la ciudad se extiende más allá de la Madina , tanto en dirección este como hacia el oeste, manteniendo un carácter abierto hasta que las luchas civiles o fitna obligaron a reforzar las defensas existentes y a construir otras nuevas. La información derivada de las excavaciones arqueológicas realizadas en las últimas décadas ha puesto de manifiesto el saqueo y abandono de los arrabales occidentales, que ocupaban la mayor extensión y contaban con la densidad de población más elevada del momento, sin que haya constancia de que se hubiera construido algún tipo de cerca destinada a su defensa. Estos acontecimientos precipitaron la quiebra del estado omeya y trajeron consigo un repliegue de la ciudad sobre el recinto amurallado de la Madina y los arrabales del sector oriental, que no resultaron afectados por el proceso de saqueo.
A estos episodios de saqueo y destrucción hay que unir el avance de las tropas cristianas, que en 1.085 conquistan Toledo, dejando a Córdoba en primera línea de frontera, lo que obliga a la construcción de nuevos elementos destinados a reforzar el sistema defensivo de la ciudad. Dentro de este programa se incluye el amurallamiento de los arrabales orientales -que constituían el sector más desprotegido de la ciudad-, mediante una cerca levantada con zócalo de piedra y alzado de tapial, jalonada por torres de planta cuadrangular y dotada de un antemuro o barbacana que reforzaba su carácter defensivo. Su trazado partía del ángulo noreste de la muralla de la Madina , donde se emplazaba la conocida como Puerta del Rincón, siguiendo en dirección este, norte y oeste hasta confluir de nuevo con el antiguo recinto en su ángulo sureste. A lo largo de su extenso recorrido se abrían diversas puertas, de las que no se conserva ninguna y cuya localización resulta problemática debido, por una parte, a las modificaciones sufridas tras la conquista cristiana y, por otra, a la escasa documentación disponible. Las fuentes escritas sólo aluden a tres de ellas: Bad al-Faray , Bab Abbas y Bab al Yadid , sin que por el momento se pueda precisar su emplazamiento, exceptuando la posible identificación de la Bab al Yadid con la denominada en época cristiana Puerta Nueva .
Este recinto, conocido bajo la denominación de muralla de la Axerquía ( al-Sarqiyya) , fue reconstruido y modificado parcialmente en algunos de sus tramos tras la conquista cristiana, conservándose en la actualidad un lienzo en la Ronda del Marrubial, donde se pueden apreciar sus características constructivas, un zócalo de piedra y alzado de tapial, y la presencia de varios torreones. Si bien este tramo es el más extenso y mejor conservado de los que han llegado hasta nuestros días, contamos con otros más pequeños cuyo emplazamiento en la actual trama urbana permite reconstruir el trazado del cerco defensivo, como es el caso de las calles Adarve, Muro de la Misericordia y Fernando de Lara, la Plaza del Gamo y la Ronda de los Mártires.
S.C.B. y D.R.L.

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