ARRABAL DE SAQUNDA

 

  Su antigua localización en el área meridional de la ciudad, cruzando el puente romano, se conoce hoy como Parque de Miraflores y Campo de la Verdad, por la batalla que libraron los cordobeses partidarios de Enrique II en 1367 contra las huestes de Pedro el Cruel y sus aliados granadinos. Su topónimo, al-rabad Saqunda o Saqunda, deriva del latino secunda, que hace referencia al miliario situado en la segunda milla de la via Augusta, que abandonaba la ciudad por el puente atravesando esta zona. Fue construido en el s. VIII convirtiéndose en el más populoso de la ciudad. En él se localizaba el gran zoco (al-suq al-´atmá) que posteriormente será trasladado al interior de la Madina.

    En el año 818 d.C. se produce la llamada “revuelta del arrabal”, provocada por motivos económicos y sociales. Los habitantes de Saqunda, apoyados a su vez por los de otros arrabales, se sublevan contra el emir al-Hakam I. Tras una dura lucha sus tropas logran sofocar la rebelión, ordenando el emir “demoler el arrabal meridional destruyéndolo hasta dejar su suelo liso y borrar sus huellas”. Los habitantes que sobreviven a la matanza son expulsados de la ciudad –emigrando a Toledo, Fez y Alejandría- y se prohibe terminantemente volver a construir en esta zona, hecho constatado arqueológicamente.

  Con motivo de la remodelación que la ciudad está realizando del entorno del río, entre los años 2001 y 2002 se ha excavado el Parque de Miraflores, documentandose numerosas estructuras pertenecientes a dicho arrabal. Consisten en edificaciones de tipo domestico, comercial e industrial, articuladas por calles que llegan a tener seis metros de anchura y noventa metros de longitud. Los muros están realizados con cantos rodados, material muy asequible debido a la proximidad del río, trabados en algunas ocasiones con tejas, fragmentos cerámicos y piedra de calcarenita. En planta se colocan de forma inclinada consiguiendo así una mayor compactación de la estructura y en alzado cada una de las filas que componen el muro se orienta hacia un lado, recordando la forma de espiga.

  En lineas generales estos muros se conservan a nivel de cimentación, lo que dificulta en gran medida poder definir la funcionalidad de las estancias. Las continuas avenidas del río, no regulado ni canalizado en estos momentos, afectaron recurrentemente a este área, provocando diversas fases construtivas en un periodo de tiempo reducido, que podría llegar a medirse incluso en años. Consecuencia directa de estas inundaciones son los numerosos derrumbes de tejas hallados en las diferentes estancias. No se ha localizado ningún sistema de abastecimiento de agua limpia o desagües de aguas fecales, supliendo estás funciones algunos pozos de agua documentados, apoyados posiblemente por la actividad que desarrollaban los denominados "aguadores". Los basureros, en los que se acumula abundante material cerámico y fauna, son frecuentes también en la zona. Durante las excavaciones se ha recogido abundante material cerámico, fundamentalmente piezas de uso cotidiano como ollas, jarras, tapaderas, candiles y grandes recipientes de almacenamiento (tinajas). Destacan también los objetos de metal, en general piezas con una funcionalidad industrial o agropecuaria.


   Nos encontramos, en definitiva, con los únicos restos urbanísticos de la Qurtuba emiral excavados hasta el momento en una superficie -unos 16.000m2-, que no han sufrido prácticamente ninguna alteración posterior, fundamentalmente califal, como sucede en la mayoría de los solares del interior de la Madina.

  En relación con este arrabal se encuentra el cementerio musulmán maqbarat al-rabad, fundado en el año 720 por el emir al-Sahan, del que se recogen numerosas noticias a través de los textos escritos, que nombran a diversos personajes enterrados allí, así como algunos epígrafes funerarios localizados en la zona y hoy en día depositados en el Museo Arqueológico de Córdoba. Esta necrópolis se ha constatado arqueológicamente en las excavaciones del año 1995, en la conexión del Puente del Arenal con la Plaza de Santa Teresa, y en las realizadas en 2001, junto a la Torre de la Calahorra. En ambas se documentó una intensa superposición de enterramientos que se disponían según los preceptos religiosos musulmanes. Su cronología es imprecisa, abarcando desde el s. IX hasta el XII.

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