PLAZAS Y ZOCOS

 

   Los últimos estudios sobre el urbanismo de las ciudades de al-Andalus han clarificado y corregido el estereotipo creado sobre las mismas mucho tiempo atrás. Así, frente a una idea única de desorden urbano, con plantas laberínticas y calles estrechas, la realidad arqueológica actual muestra una planificación urbanística predeterminada, de trama ortogonal, con calles amplias y perpendiculares, comprobándose en las confluencias de éstas, a veces, importantes ensanchamientos que determinan la localización de plazas (hahba, pl. rihab y hahbab) de dimensiones variadas, en las que frecuentemente se disponían alineadas pequeñas construcciones utilizadas como tiendas (al-janat), conformando un mercado o zoco (suq), de gran importancia para la vida social, comercial y por supuesto económica de la ciudad.

   En estos zocos solían desarrollar su actividad los distintos oficios artesanales, en establecimeintos que habitualmente albergaban tienda y taller, que podían estar ubicados en una sola calle o en varias, organizados por profesiones. La actividad comercial desarrollada en el mercado estaba supervisada por el almotacén (muhtasib o wali al-suq), cuya función tenía carácter policial y normativo, encargado de velar por el cumplimiento de una reglamentación muy detallada que regía toda la actividad comercial de la ciudad. A su cuidado estaba el evitar los fraudes, mediar en las riñas y litigios, prohibir acaparamientos de productos, vigilar las transacciones, fijar los precios, contrastar pesas y medidas, etc.

    Sabemos por las fuentes literarias árabes que en un censo realizado por Almanzor se contabilizaron en Córdoba un total de 80.455 tiendas, sin contar las alhóndigas. Estas tiendas se aglutinaban en torno a una plaza, calle, espacio libre fuera de las murallas, o en las proximidades de las mezquitas y los baños, recibiendo el nombre de zoco, ya fuera como mercado permanente o periódico, con puestos estables o ambulantes. El Islam, como religión eminentemente urbana que es contempla el zoco, junto con el alcázar y la mezquita, como pieza fundamental de la configuración de la ciudad. En la Córdoba del siglo X cada uno de los veintiún arrabales o barrios en los que se dividía la ciudad contaba al menos con un zoco, al igual que con mezquita y baño.

   Como posible zoco de carácter periódico puede identificarse la plaza rectangular de cuando menos 49 x 32 m excavada en la finca Fontanar, situada en el margen de una gran calle (de 11 m de ancho) que conducía directamente a una mezquita cercana. El perímetro de esta gran plaza –hoy destruida, como la mezquita- estaba pavimentado mediante cajones de sillares rellenos de un encachado de piedras, mientras que el centro de la misma lo estaba de albero. Otro mercado ha sido hallado recientemente en el yacimiento arqueológico de Cercadilla; en este caso se trata de un edificio mercantil situado en el ángulo de una plaza.

   Otros zocos conocidos en la ciudad son el de los Silleros (suq al-sarrayin), el de los carpinteros, los cedaceros (al-garabil) y de los pañeros (al-bazzazin). También está atestiguada la existencia de pequeños zocos o mercadillos, como el del Conde (suwayqat al-qumis) o el de Ibn Nusayr. Pero el mayor y más importante centro comercial de la ciudad lo constituía sin duda el Zoco Grande, situado al oeste del Alcázar, a donde fue trasladado desde el Arrabal de Secunda tras la revuelta de este barrio en 806, en tiempos del emir al-Hakam I. En el siglo X el Zoco Grande estaba constituido por un gran número de tiendas dedicadas a productos muy diversos, como alimentos, tejidos o manufacturas de lujo como la seda. Los perfumistas se situaban cerca de la puerta del mismo nombre del Alcázar (Bab al-Attarin). El Zoco Grande sufrió un gran incendio en 936, que arrasó las tiendas de la artería principal y la Casa de Postas. Precisamente, a la Casa de Postas trasladaría el califa al-Hakam II las tiendas de los vendedores de tejidos en el año 971. Durante el violento episodio de la fitna (1009-1010), que provocó el fin de la dinastía Omeya y del Califato cordobés, el Zoco Grande desapareció tras ser saqueado e incendiado.

   Al parecer, durante la etapa almohade, cuando la ciudad inicia una tímida recuperación, la zona comercial se traslada al este de la Mezquita, donde pocos años después de la conquista castellana está atestiguada la existencia de una alcaicería o mercado de productos de lujo (sedas, joyas, etc) y algunas calles y plazas referidas a gremios o actividades comerciales –Cordoneros, Alfayatas, Pescadería y Plaza de la Alhóndiga–, perpetuadas en el callejero de la ciudad y en los planos de 1811 y 1851.

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BIBLIOGRAFÍA.

LEVI-PROVENÇAL, E. (1957): “El desarrollo urbano. Córdoba en el siglo X” Historia de España musulmana (711-1031) (Historia de España de Menéndez Pidal. V), Madrid.

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