LA MEZQUITA ALJAMA DE CÓRDOBA

 

   La mezquita (masyid) es el lugar destinado en el Islam para la oración comunitaria de los creyentes –no la casa de Dios como en el Cristianismo- y, a la vez, lugar de encuentro donde se discute de los asuntos públicos que afectan a dicha comunidad. La mezquita aljama, por lo general la de mayor tamaño de cada ciudad, está consignada para congregar a los jefes de las familias durante la oración ritual del viernes; y en los primeros siglos del Islam era, más que un centro de culto, un anejo del alcázar califal, o del palacio del gobernador, donde se realizaban actividades que resultaban impropias de las viviendas privadas de éstos. Lo que condicionaba la elección del lugar para la edificación de la mezquita aljama era, pues, la existencia previa de un alcázar próximo, como ocurre en el caso de Córdoba, donde alcázar y mezquita están separados por una calle, salvada sin embargo más tarde por un pasadizo elevado conocido como sabat.

Capilla de Villaviciosa

   El modelo clásico de mezquita responde a un edificio de planta rectangular, en el que se aprecian dos zonas claramente definidas: el patio (sahn) y el oratorio cubierto (haram). Este último consiste en una sala basilical dividida en varias naves, la central de mayor anchura y altura para aumentar la sensación de amplitud al interior del conjunto. Al fondo, perpendicular a las naves, se dispone el muro de alquibla (quibla), orientado hacia La Meca, en cuya parte central se representa un nicho u hornacina llamado mihrab. Otros elementos de las mezquitas son: el alminar (manara o sawma’a), utilizado por el almuédano para llamar a la oración, y el lavatorio (mida’a), donde tiene lugar la ablución ritual, que nunca se realiza en el patio.

   Tanto el alminar como el lavatorio faltan en las primeras mezquitas, aunque pronto pasan a convertirse en parte integrante del masyid.
La Mezquita Aljama de Córdoba es sin duda el monumento más importante del Islam en Occidente y con sus más de 1200 años de vida constituye uno de los edificios históricos más antiguos de Europa todavía en uso, favorecido por la inserción en su estructuras de una catedral gótica primero y renacentista después.

   Las noticias textuales sobre la primera Mezquita de Córdoba, de la que no se conservan vestigios, nos indican que fue construida bastante tiempo después de la conquista, entre los años 748 y 756, sobre la iglesia visigoda de San Vicente (integrada en un complejo monasterial más amplio) y que por carecer de alminar utilizaba una torre del cercano alcázar. No será hasta finales del emirato de ‘Abd al-Rahman I, al-Dajil –El Inmigrante–, cuando se procede a la compra de todo el complejo monástico, su derribo y la posterior construcción (en 786-787) de una mezquita de nueva planta que permitiera la cabida de los numerosos fieles, en uso poco más de un año después; plazo muy breve que se ha querido explicar por la reutilización de elementos romanos y visigodos (capiteles, fustes y basas) pertenecientes a edificios abandonados de la propia ciudad.

   Esta mezquita tenía planta casi cuadrada (79,021 x 78,88 m), muy similar a la de los castillos omeyas de Siria, y se encontraba dividida interiormente en dos mitades casi exactas, al norte el patio y al sur el oratorio, este último formando un gran espacio cubierto de planta basilical con once naves perpendiculares al muro de alquibla.

Fachada de Almanzor

   Posteriormente, el emir Hisam I (788-796) dota a la mezquita de lavatorio y alminar, documentados ambos en excavaciones realizadas en la década de los años 30 del siglo XX, estando hoy marcada la localización de ese primer alminar en el actual patio, algunos metros al sur de la torre actual.

   La primera ampliación importante es acometida entre los años 840 y 848 por el emir ‘Abd al-Rahman II (822-852), quien prolonga las naves 64 metros hacia el sur desde la quibla anterior –de la que todavía se aprecian los contrafuertes en el interior del templo, marcando la transición–. En las nuevas arquerías destaca la ausencia de basas en la columnas y la presencia de los primeros capiteles islámicos.

   Los trabajos de ornamentación son finalizados por el emir Muhammad, quien restaura también la fachada de la Puerta de San Esteban (Bab al-Wuzara) y construye la primera macsura (maqsura), y a finales del s. X, durante el gobierno del emir Abd-Allah, se levanta el sabat (posiblemente situado en la Puerta de San Miguel), que comunicaba directamente la mezquita con el cercano alcázar.

   La tercera ampliación es obra de ‘Abd al-Rahman III en sus últimos años de vida; se inician las obras en 951-952, ampliándose el patio hacia el norte, construyéndose un nuevo alminar de 42 m de altura –más como un símbolo propagandístico del poder califal que con la finalidad de llamar a la plegaria–, y reformándose la fachada del oratorio que da al patio, muy deteriorada a causa de las presiones ejercidas por las arcadas del oratorio.

   Poco tiempo después, el califa al-Hakam II, hijo y sucesor de ‘Abd al-Rahman III, al parecer dentro de un ambicioso proyecto iniciado ya por su padre, amplía nuevamente (en 962-965) la sala del oratorio 47 m hacia el sur, alcanzado así la mezquita su longitud máxima (175 m). Con todo ello queda evidente la intención oficial de convertir el edificio en el emblema del califato, manifestada entre otros aspectos al exterior en la decoración de las fachadas y al interior en la construcción de una cúpula en la nave central que señala el lugar ocupado por el anterior mihrab de ‘Abd al-Rahman II y el inicio de la parte nueva de la mezquita, que continuando por dicha nave desemboca en las tres cúpulas situadas delante del nuevo mihrab. Solución que introduce un esquema en t en la planta del oratorio que resalta el espacio de la maqsura reservado al califa.

   Para la construcción de las cúpulas se introducen nuevas soluciones arquitectónicas y decorativas basadas en el empleo de arcos entrecruzados y lobulados que contrarrestan los empujes, a la vez que se destaca la zona ocupada por las mismas. Pero la culminación de todo este programa se alcanza al revestir con mosaico dorado la cúpula interior, el nicho y la triple fachada del mirhab que da a la maqsura –realizado por maestros y con materiales bizantinos–, donde se abren dos puertas laterales, a la izquierda la de acceso al tesoro (bayt al-mal) y a la derecha al nuevo sabat que comunicaba con el alcázar –tras derribar el pasadizo anterior de abd-Allah–, creándose una doble alquibla.

   La última ampliación de la mezquita de Córdoba es obra de Almanzor en 988, primer ministro (hayib) del anulado califa Hisam II. Se trata de la reforma más contundente pues casi duplica la superficie de la mezquita anterior, alcanzando el edificio las dimensiones finales con las que se ha conservado: 174 x 128,4 m (más de 22000 m2 de superficie ocupada). Almanzor añadió ocho naves longitudinales sobre la fachada oriental de la antigua mezquita, provocando un descentramiento del eje del mihrab; algo que se ha querido explicar con un proyecto no ejecutado de ampliación similar hacia el este, si bien esto hubiera significado la destrucción parcial del alcázar. La obra de Almanzor carece de la calidad artística de la fase precedente.

   En cualquier caso, la estructura de las arquerías es, salvo pequeñas diferencias, igual en todas las fases del edificio: dos soportes superpuestos que reciben siempre arcos en segmentos de círculo. Los superiores que sostienen el techo son de medio punto algo rebajado y los inferiores que soportan la rigidez del sistema son arcos de herradura, permitiendo elevar la cubierta cerca de 10 m. Este sistema ha sido comparado con el acueducto romano de Los Milagros (Mérida), y en efecto las arquerías funcionan como tal, ya que sobre el soporte superior discurre una amplia conducción de 45 cm de anchura que permite la rápida evacuación del agua de lluvia recogida por la cubierta a dos aguas de las distintas naves.

   En las excavaciones más recientes realizadas en la mezquita aljama se han documentado diversas estructuras murarias relacionadas con la mencionada iglesia de San Vicente. Igualmente se halló una calle del s. VIII, así como la fachada de la primitiva mezquita y parte del pabellón de abluciones de Hisam I, conformado por varias pilas unidas por una conducción hidráulica y varias letrinas. De la ampliación realizada por Almanzor se documentó la cimentación de la fachada de la mezquita al patio de los naranjos, el nivel de suelo original y la cimentación de las columnas que conformarían parte de la sala de oración.

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