LA JUDERÍA DE CÓRDOBA

    La comunidad judía asentada en Córdoba durante todo el periodo medieval, al menos desde el inicio de la ocupación islámica hasta su definitiva expulsión a finales del siglo XV –la intolerancia almohade había provocado ya una primera diáspora-, se instala dentro de la medina, en un barrio especialmente reservado para ellos y aislado del resto de la ciudad. Se conforma así una verdadera aljama o judería, provista de las instalaciones e instituciones necesarias para el desarrollo de una vida acorde con la Torá, los mandamientos o instrucciones fundamentales de la religión hebrea. Este barrio ha mantenido su denominación hasta nuestros días en el sector urbano conocido precisamente como Judería, dentro del casco antiguo, en las inmediaciones de la mezquita.

Castillo de la judería
   Sabemos además que durante el período andalusí una de las puertas septentrionales del recinto amurallado de la medina fue conocida como Puerta de Los Judíos –Bab al-Yahud– (identificada con la desaparecida Puerta de Osario, destruida en 1903). Sin embargo, al margen de estos datos textuales no disponemos de más constancia material sobre la posible existencia de esta segunda judería en la ciudad.

   En realidad, pues, la información con que contamos se centra en la judería de época bajomedieval cristiana, aunque la documentación arqueológica es bastante escasa e imprecisa. Según las fuentes escritas, la aljama cordobesa se localizaba en el sector suroccidental de la medina, junto a la muralla y en las inmediaciones de los centros de poder por excelencia: el alcázar y la mezquita-catedral. Esta ubicación responde a la tendencia general en el resto de ciudades medievales de instalar a las comunidades judías en zonas resguardadas al abrigo de recintos amurallados que asegurasen la integridad de la población y sus costumbres. En el caso cordobés, la judería estaba protegida al oeste por la muralla urbana; al sur posiblemente lindaba con el tramo de muro conservado perteneciente al antiguo alcázar Omeya; y, al menos durante el siglo XIV, se tiene constancia que ocupó el recinto amurallado conocido como Castillo de la Judería, una fortificación de tapial de discutida cronología, construida al oeste del alcázar andalusí, probablemente de origen almohade. Del mismo modo, debió contar con un muro de cierre por su lado oriental, del que no queda ninguna huella. Este recinto interior tenía al menos dos accesos desde la ciudad, de los que tan sólo conocemos sus nombres –Puerta de la Judería y Puerta de Malburguete–, pero ignoramos su posición exacta.

   El contorno de este barrio ha sido definido con cierta precisión por algunos historiadores locales, que coinciden a grandes rasgos en sus límites. Al norte quedaría delimitado por la Puerta de Almodóvar, antiguo acceso a la medina, cuya muralla cerraba el barrio por su costado occidental, tan sólo superado a la altura del Campo Santo de los Mártires para englobar el recinto amurallado del “Castillo de la Judería”. Al sur limitaría con la Huerta del Alcázar y con el emplazamiento del actual Palacio de Exposiciones, ascendiendo hasta la C/ Judería para englobar la C/ Deanes y, por último, cerrar el recorrido en coincidencia aproximada con la C/ Almanzor.
Castillo de la judería

   De todo este conjunto, apenas quedan vestigios materiales en la actualidad. Tan sólo se conserva el edificio más significativo y verdadero centro de la vida social hebrea: la sinagoga. Es muy probable que algunas de las viviendas anejas hubiesen funcionado en origen como estancias de servicios del templo, como baños públicos (mikve), escuela religiosa (Tamud Torá), etc. En cualquier caso, el trazado de las calles actuales conserva el esquema original, es decir, callejuelas estrechas en las que abundan los adarves o pasajes particulares sin salida, que se cerrarían con puertas por las noches. También las casas mantienen un esquema similar a las primitivas judías, conocidas como “corrales”, caracterizadas por la existencia de patios centrales en torno a los cuales se disponían varias viviendas. Fuera de este gueto se situaba el cementerio judío, identificado con la Huerta del Rey, frente a la Puerta de Almodóvar, conocida desde antiguo con el topónimo de Fonsario de los Judíos.

   La creciente animadversión hacia la minoría judía por parte de la población cristiana a causa de la posición económica de privilegio que ostentaba y que generaba el favor real, provocó el asalto de la aljama en el año 1391. La consecuencia inmediata, al margen de los robos y saqueos cometidos, fue la conversión obligatoria de un significativo porcentaje de la población y, en última instancia, la desaparición de la judería como un barrio aislado, quedando integrado en la ciudad medieval cordobesa. Muestra de ello es la presencia en el centro de la judería de la capilla cristiana de San Bartolomé, obra mudéjar integrada en la actual Facultad de Filosofía y Letras. La coexistencia entre ambas comunidades se mantuvo a duras penas, con reiterados episodios violentos hasta la definitiva expulsión de los judíos en 1492, obra como es bien conocido de los Reyes Católicos.

LA SINAGOGA

Plano de la sinagoga
   El término más frecuente para designar el lugar donde los judíos se reúnen para orar es “sinagoga”, que proviene del griego synagôgê y deriva a su vez del verbo synagô, cuyo siginificado es “juntar, reunir”. En hebreo sinagoga se denomina keneset (reunión) o bet ha-keneset (casa de reunión) y proseuhke (oración), en este caso utilizado como metonimia en el sentido de “lugar de oración”.

   Los modelos arquitectónicos más próximos a los edificios sinagogales no fueron los santuarios paganos del mundo greco-romano, sino más bien los bouleutêria o ekklesiastêria de los griegos, en los que se reunían para discutir; aunque arquitectónicamente hubo de ser modificado para añadir un espacio reservado a las mujeres. Por ello se utilizó el tipo basilical, con columnas alrededor de un espacio central y una galería sobre los pórticos interiores. Las sinagogas se ubicaban siempre en lugares cercanos al agua y en zonas elevadas de las ciudades, siendo el edificio más alto. Su orientación viene determinada por la disposición del arca u hornacina donde se situaba la Torá, de modo que el orante al entrar en la sinagoga estuviera de cara a Jerusalén. Antes de acceder a la sala de oración se pasaba por un pequeño vestíbulo o patio donde se encontraba un estanque para las abluciones de manos y pies.

   En la sala de oración se encontraba el arca en el que se custodiaban cuidadosamente uno o dos rollos de la Torá, que se envolvían en unos lienzos de lino y se guardaban en estuches. El volumen de la Torá se enrollaba alrededor de dos palos o cilindros de madera, conocidos como “arbol de la vida”. El arca era cubierta y ocultada a los ojos de los fieles con el paroket. Frente a ésta se encontraba la bimah. Algunas sinagogas contaban con bancos de piedra dispuestos a lo largo de las paredes donde se sentaban los fieles, aunque usualmente lo hacían en el suelo y sobre esteras. Los ancianos y miembros más destacados de la comunidad se sentaban delante y los jóvenes detrás.
Sinagoga

   La Sinagoga de Córdoba es una de las más significativas de España junto a las de Santa María la Blanca y del Tránsito de Nuestra Señora, ambas de Toledo. Fue construida, según la inscripción fundacional conservada en su interior y cuya traducción es: “Santuario en miniatura y morada del Testimonio (o Ley) que terminó Ishap Moheb, hijo del señor Efrein Wadowa el año setenta y cinco. ¡Asimismo vuélvete, oh Dios, y apresúrate a reconstruir Jerusalén!”.., en el año 1315 (año 5075 del calendario judío, que comenzó el 20 de septiembre de 1314 y terminó el 1 de septiembre de 1315). No presenta acceso directo desde la calle, debiendo atravesar un primer patio desde el que se accede a una pequeña sala o vestíbulo de planta rectangular. En su lado Este encontramos unas escaleras que suben a la “tribuna o galería de mujeres”, donde éstas se situaban para asistir a la oración. En el muro norte se abre el acceso hacia la sala de oración, de planta cuadrangular. En ella, la zona superior de las paredes aparece decorada con yeserías mudéjares que presentan decoración de ataurique conformando estrellas de 4, 6 y 8 puntas y motivos vegetales que alternan con las inscripciones en escritura cuadrada, mayoritariamente fragmentos del Libro de los Salmos. En el muro oriental se abre un hueco de unos 2,80 m de ancho, en el que se colocaba el ´aron; a ambos lados del mismo existen dos nichos o alacenas coetáneas a la construcción del edificio. Junto a este hueco y a mano derecha se encuentra la inscripción referente al fundador, anteriormente citada.

Sinagoga
   En el Muro Norte volvemos a encontrar el mismo tipo de decoración enmarcando dos arcos de medio punto y uno central adintelado que se encuentran cegados. En la parte superior aparecen cinco arcos de medio punto que dan luz al edificio. En la parte central del Muro Occidental se dibuja un arco ojival y lobulado sobre el cual apreciamos una decoración con yeserías de forma romboidal. Éste enmarca un nicho en el cual se situaría el bimah. Para finalizar, en el Muro Sur se abren tres ventanales decorados también con yeserías e inscripciones que comunican con la galería de mujeres. Sobre ellos se disponen otros cinco arcos de medio punto por los cuales entra la luz.

   Tras la expulsión de los judíos (1492), la Sinagoga es transformada en Hospital de Santa Quiteria, destinado a curar la rabia. En 1588 se convierte en Ermita bajo la advocación de San Crispín y San Crispiniano, patronos del gremio de zapateros. En el siglo XIX pasa a ser escuela de párvulos, descubriéndose su valor artístico en 1884, en que es declarada Monumento Nacional.

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BIBLIOGRAFÍA.

PELAEZ DEL ROSAL, J. (1994): La Sinagoga, Córdoba.

PEREZ DE LA LASTRA Y VILLASEÑOR, M. (1990): La Sinagoga de Córdoba, Córdoba.

 

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