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LAS CASAS
La casa islámica responde a unos parámetros ideológicos y sociales que la diferencian claramente de la de otras culturas. De este modo, y aunque las diferentes tradiciones arquitectónicas y edilicias, trayectorias históricas y ambientes ecológicos diversos de los territorios sobre los que se implantó el Islam determinen la inexistencia de un tipo único de casa musulmana, el concepto de la familia y de su función social han impregnado profundamente la arquitectura doméstica producida por esta cultura. Se ha discutido sobre la tipología de la casa islámica así como sobre sus orígenes, destacándose por un lado tanto sus similitudes formales y tipológicas con la casa helenística y romana, como sus diferencias conceptuales y funcionales. Por otro lado, se ha resaltado el peso de una tradición doméstica preislámica, presente en determinadas zonas de Arabia entre los siglos IV y VI y manifestada en última instancia en las descripciones de la casa del Profeta en Medina, generadora de un prestigio ideológico que, junto a los elementos de substrato del mundo clásico, explicaría la relativa homogeneidad de esta arquitectura.
Aunque repetido hasta convertirse en tópico, el principal rasgo de la casa islámica es su carácter introvertido, el estar diseñada de dentro hacia fuera. De hecho, se advierte cómo una vez adquirida la parcela sobre la que se edificará, lo primero que se construye es un muro medianero con una altura que asegure la no visión desde el exterior e imposibilite el acceso de intrusos. Con posterioridad, y a partir de este espacio interior que no es sino un gran patio que representa el área máxima de ocupación por parte del grupo familiar, se procederá, de acuerdo con las necesidades cambiantes de ese grupo, a la edificación de diferentes estancias aglutinadas en una o más crujías que no suponen sino una reducción del patio.
Las unidades domésticas, sensu estricto , hasta el momento conocidas en Córdoba se caracterizan por la posesión de un único patio, debiéndose caracterizar aquellas edificaciones con más de un patio dentro de una categoría diferente. El patio es siempre interior, como es característico del modelo de casa urbana islámica en general y andalusí en particular, claramente diferenciado del modelo de casa con patio exterior que parece característico del hábitat rural. Por lo que respecta al número de plantas, por lo general debían contar con una sola, no habiéndose documentado por el momento en estos contextos domésticos el arranque de escaleras que permitan asegurar la construcción de una segunda planta. Sin embargo, en algunas de las casas excavadas en los arrabales de Córdoba, el grosor y características edilicias de los muros de determinadas crujías permitirían la existencia de una segunda planta, si bien por el momento este extremo no ha podido ser comprobado arqueológicamente.
Al exterior, estas casas suelen presentar una única puerta, ubicada por lo general en uno de los ángulos de la fachada, y abierta preferentemente más a un adarve que a una calle de tránsito. En ocasiones, puede presentarse una segunda puerta, vinculada a una cuadra o a una habitación destinada a una actividad artesanal o comercial. La puerta da acceso al zaguán, pieza que actúa como intercomunicador entre el ámbito público de la calle y el privado y doméstico de la casa. Consiste en una habitación por lo común de pequeñas dimensiones, con puertas no enfrentadas para impedir la visión directa, desde la calle, del interior del patio. En los casos excavados, suelen estar pavimentados con lajas de caliza o de esquisto, o con baldosas cerámicas. En una o en varias de sus paredes puede presentar un banco corrido, actuando como recibidor e incluso como ubicación de algún tipo de actividad artesanal. En ocasiones, puede aislarse de él, mediante un ligero tabique, un espacio en el que se ubica una letrina.
En ocasiones, el zaguán no aparece formalizado como tal y el acceso al patio se realiza a partir de un espacio sumariamente individualizado en un ángulo del mismo. En todo caso, siempre se busca el aislamiento entre el exterior y el patio. Éste representa, como ya se ha indicado, la matriz y el centro de la casa. Cumple una clara función simbólica y social, al tiempo que otra de carácter funcional y, podríamos decir, ecológico. En efecto, al abrirse a él todas las habitaciones de la casa, el patio actúa como nexo e intercomunicador entre las distintas células, a la vez que permite su iluminación y ventilación. Pero al mismo tiempo, y en unión del empleo de materiales de construcción tradicionales, propicia un correcto intercambio entre el subsuelo y la atmósfera, cumpliendo una función microclimática al suavizar las temperaturas mediante la generación de corrientes de convección.
El patio está condicionado en su planta por la forma original de la parcela sobre la que se edificará y por su mayor o menor regularidad. En el estado original, previo a posibles agregaciones o segregaciones, por lo demás documentadas en el registro arqueológico, se configurará con una planta más o menos cuadrangular, en ocasiones claramente rectangular e incluso trapezoidal. El patio puede presentar toda su superficie a un mismo nivel o mostrar un andén periférico sobreelevado y pavimentado respecto a la zona central, por lo general terriza.
Junto al patio, la principal estancia de la casa la constituye una gran sala rectangular situada por lo general en la crujía Norte o en la Sur. En algunas casas, aparecen dos salas, situadas invariablemente una enfrente de la otra y con sus puertas respectivamente orientadas al Sur y al Norte. Este es un fenómeno muy característico de aquellas zonas del mundo islámico, y mediterráneo en general, en las que existen acusadas diferencias térmicas estacionales e, incluso, diarias. A diferencia de las habitaciones de las casas occidentales, por lo general destinadas a una actividad específica, las salas de la casa islámica no presentan una funcionalidad preestablecida, por cuanto en ella las divisiones significativas se derivan de la accesibilidad social, tanto pública como privada. Las salas se usan indistintamente para comer, dormir, realizar tareas domésticas o recibir a invitados. Esta polifuncionalidad se traduce en la ausencia de mobiliario, reducido por lo general a algunas arcas. Para el almacenamiento de viandas y enseres se suelen emplear alhacenas abiertas en la pared, en tanto que para sentarse y comer se usan alfombras, mantas, esteras y cojines que se disponen sobre el suelo y a continuación se recogen.
Estas salas se abren al patio mediante una puerta por lo general dispuesta en el centro de la pared, y que puede ser de uno o dos vanos. En contados casos, se documenta la existencia de un pórtico ante la sala, que crea un espacio de transición respecto al patio al tiempo que lo embellece. Se diferencian dos tipos de salas en las casas cordobesas por el momento excavadas: simple espacio rectangular no compartimentado; sala compartimentada mediante tabiques que generan una o dos alcobas laterales, de reducidas dimensiones y cuyo pavimento puede estar a la misma altura que el de la sala o ligeramente sobreelevado con la función de disponer sobre él las esteras y colchones.
Los pavimentos de estas salas, al igual que los de las alcobas, cuando aparecen diferenciadas, suelen ser de mortero de cal pintado a la almagra. En ocasiones se documentan también pavimentos de losas de cerámica. En época califal, estos espacios suelen concentrar igualmente la escasa decoración que, aparentemente, se aplicaba a los conjuntos domésticos. Esta suele consistir en un zócalo pintado de color rojo almagra, con una altura de unos 60 cm . y que contrasta con el simple encalado del resto de las paredes. En ocasiones este zócalo muestra sencillos motivos decorativos consistentes en bandas y listeles de pintura de color blanco o crema que resaltan la horizontalidad del zócalo frente a la verticalidad de la puerta o de posibles alhacenas o nichos abiertos en la pared. Estos zócalos decorativos parecen generalizarse para época almohade, momento en el que, como demuestran las excavaciones de Orive, aparecen en todas las estancias de la casa (incluyendo letrinas, zaguanes y patios) con un repertorio decorativo mucho más rico, a base de motivos geométricos rectilíneos y curvilíneos, del que incluso no están ausentes determinados motivos vegetales.
Tal vez la única dependencia de la casa islámica con una funcionalidad claramente diferenciada sea la letrina. En todos los casos se busca la mayor discreción y privacidad a la hora de ubicarla, a fin de aislarla en lo posible del resto de la casa. Para ello se suele disponer en habitaciones en recodo que aprovechan cualquier rincón de la casa (generalmente en un ángulo del patio o incluso en el zaguán), mostrando en ocasiones un doble sistema de puertas. Dentro de estos parámetros, otro condicionante para la ubicación de las letrinas viene dado por la proximidad a la calle, a fin de buscar una evacuación lo más corta y directa posible a las fosas sépticas o cloacas en ella ubicadas. La letrina andalusí clásica está construida con mampostería o con lajas de piedra caliza, consistiendo en una estructura rectangular sobreelevada respecto al pavimento de la habitación, y que presenta en su centro una hendidura estrecha y larga comunicada con el pozo negro o con la atarjea. En algún caso se documenta la existencia de una pequeña pileta destinada al lavado.
Por lo que respecta a espacios específicamente concebidos para actividades culinarias, la información arqueológica cordobesa es muy parca, no documentándose espacios especializados funcionalmente identificables como cocinas y con una doble compartimentación en un área de almacenamiento y en otra de “fuego”. En las casas cordobesas de época califal, lo más que se comprueba es la existencia de estructuras de combustión, consistentes en una torta de arcilla dispuesta sobre el suelo, por lo general en un ángulo del patio o en un pequeño espacio individualizado en uno de sus laterales. La poca solidez de estas estructuras, junto a su escasez, parecen apuntar a que las actividades relacionadas con la preparación de alimentos se realizarían en los patios o en otros espacios polifuncionales de la casa, empleando anafes para su elaboración al fuego.
J. F. M.

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