LOS BAÑOS

 

   La importancia del baño público (hammam) en la sociedad islámica ha sido considerable desde época omeya. La utilización del hammam tiene dos vertientes: religiosa la primera, pues en él se realiza el preceptivo ritual de la ablución mayor (gusl), y social la segunda, al ser un lugar de encuentro y esparcimiento, al tiempo que cubre una simple necesidad higiénico-sanitaria de la ciudadanía. Esta doble faceta del baño es la que justifica su importancia en la configuración urbana de las ciudades islámicas; así, se encuentran estrechamente vinculados a las mezquitas, a los zocos y a las principales puertas de entrada.

       El uso de los baños estaba reservado a clientes masculinos o femeninos según los días y los horarios, suponiendo una importante fuente de ingresos para las autoridades locales o las personas que los regentaban. Por otra parte, algunos baños fueron objeto de fundaciones y donaciones piadosas destinadas al beneficio de la comunidad. El uso del baño tuvo tanto éxito que fue adoptado por la población cristiana tras la Reconquista, constatándose su uso al menos hasta el siglo XVI.

   Conceptualmente el hammam es heredero de las termas romanas, aunque de menor monumentalidad que éstas, y por lo general carente de piscina. Arquitectónicamente el baño andalusí consta de cinco elementos consecutivos que forman el diseño base del mismo: el vestuario o bayt al-maslaj –situado a la entrada, aunque hay casos en los que se construyó–, la sala fría o bayt al-baryd, la sala templada o bayt al-wastani –la más espaciosa de todas–, y la sala caliente o bayt al-sajun, donde se suelen disponer dos piletas o bañeras para la inmersión; y por último una dependencia más pequeña en la que se situaba el horno y la caldera (al-burma) para calentar el agua y se almacenaba la leña utilizada como combustible. Estas salas pueden encontrarse alineadas o formando un ángulo recto. El techo de los baños es abovedado en casi todos los casos, y en él se practicaban pequeñas aperturas o lucernarios, comúnmente en forma de estrella, para permitir la iluminación interna de las distintas salas.

   

     Gracias a la información que nos aportan las fuentes literarias árabes sabemos que los baños en Córdoba fueron muy numerosos. Así, en el siglo X, en tiempos del califa ‘Abd al-Rahman III se contabilizan unos 300, duplicándose su número en época de Almanzor. Hoy en día sólo se conservan cinco en un estado aceptable; su cronología abarca desde la segunda mitad del siglo X hasta mediados del siglo XIV.

   El más importante de los baños conservados está ubicado en la plaza del Campo Santo de los Mártires, y formó parte del Alcázar andalusí de Córdoba, atribuyéndose su construcción al califa al-Hakam II. Se trata de un hamman regio, para el disfrute exclusivo del monarca, sus familiares y amigos. Este baño, según la opinión de distintos investigadores, tendría habilitada la sala del vestuario como salón del trono, por su cuidada decoración y monumentalidad, así como por la existencia de un nicho o mirhab en una de sus paredes. Sí está generalmente aceptado que el diseño del conjunto fue adoptado como prototipo por el resto de los baños conservados en la Península, aun cuando con ligeras variaciones en la mayoría de los casos. El baño del Alcázar siguió en funcionamiento tras la caída del Califato, y en él se han detectado reformas sustanciales datadas en época almorávide y almohade, que alteraron sustancialmente su fisonomía. Fue descubierto por primera vez en 1903, y vuelto a desenterrar en 1961, para en fechas recientes –finales de 2002– quedar definitivamente abierto al público.

   Otros importantes baños conservados en la ciudad son los de San Pedro y el de la Pescadería. El primero se localiza en el barrio de la Axerquía, en la calle Carlos Rubio, su cronología es almorávide y se ubicaba cerca de la mezquita (hoy iglesia de San Pedro). El segundo se encuentra en la Medina (actual C/ Cara), junto a la Bab al-Hadid, y su datación corresponde al periodo almohade. Ambos se encuentran cerrados al público a la espera de su pronta rehabilitación e integración en una ruta por los baños de Córdoba.

       El Alcázar de los Reyes Cristianos conserva un importante baño mudéjar, construido por orden del rey Alfonso XI en la primera mitad del siglo XIV. Su estado de conservación es bastante aceptable. Conserva los restos de una pequeña piscina, algo poco usual en este tipo de baños, que se pueden apreciar si nos asomamos al Patio de Mujeres desde uno de los balcones del Salón de Mosaicos, cuya reciente construcción ha desvirtuado considerablemente el aspecto original del conjunto.

Baños de Santa María

   Por último, destacan los baños de Santa María, conservados en la calle Céspedes, estrechamente relacionados con la Mezquita-Catedral. Aunque se discute su cronología, que parece ser mudéjar, podrían estar reutilizando parte del lavatorio septentrional de la Mezquita Aljama construido por Almanzor a finales del siglo X, así como sus infraestructuras hidráulicas.

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BIBLIOGRAFÍA.

MUÑOZ VÁZQUEZ, M. (1961-62): “Los baños árabes de Córdoba”, Al-Mulk 2, 53-117.

 

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