EL ARRABAL NOROCCIDENTAL DE QURTUBA : EL YACIMIENTO DE CERCADILLA

 

Como ya hemos visto, los arrabales cordobeses no se concibieron de manera aleatoria, desorganizada o circunstancial, sino que su ejecución fue el resultado de una premeditada política urbanística. Pues bien, sobre los restos del conjunto palatino de Maximiano se irán superponiendo, a lo largo de la Edad Media , una serie de espacios de habitación que conformarán, durante los comedios del siglo X, el arrabal noroccidental.

Para la configuración de los arrabales existieron focos de atracción que actuaron como elementos aglutinadores del espacio urbanizado. Elementos que, en el caso del arrabal noroccidental de Qurtuba fueron el conjunto palatino bajoimperial, la basílica de San Acisclo –erigida tras el abandono del edificio imperial- y la necrópolis cristiana a ella asociada (nº 8), las viviendas que rodeaban al centro de culto durante los siglos VI-IX, así como los caminos que las circundaban (nº 2, 6 y 7) y algunos edificios singulares construidos durante el siglo X, como zocos, mezquitas o grandes casas particulares.

Es evidente que un camino o un eje de comunicaciones, sea del tipo que sea, no sólo ejerce una función exclusiva como articulador de espacios, aunque ésta sea en última instancia su principal funcionalidad. A los márgenes de los caminos se llevan a cabo multitud de actividades, propiciadas por la presencia de esos ejes de comunicación, una buena parte de ellas relacionadas con actividades comerciales. En uno de esos cruces (nº 6) reconvertido en plaza posteriormente, en el siglo X, se levantó un edificio de carácter comercial, es decir, un zoco (nº 5), rodeado sin duda de una gran algarabía cotidiana.

Hasta el momento hemos podido observar la existencia de al menos tres grandes viviendas, alrededor de las que se configuró el resto del arrabal. Una de ellas se localizaba frente al zoco (nº 4); otra, de más de 900 m 2 , estaba situada al norte del yacimiento (nº 3), y la tercera, también de grandes dimensiones, ha sido localizada, al Sur, en la Avda. de América (nº 9). Una mezquita (nº 1) regía en el barrio la vida religiosa de las gentes de religión islámica, localizada, conservada y visitable en lo que hoy es la Estación de Autobuses. Parte del trazado urbanístico del arrabal parece estar orientado hacia ella, por lo que podría haber estado construida antes, o bien obedecer todo este sector a una clara y previa planificación. No podemos olvidar, en cualquier caso, que hasta los primeros años del siglo XI, el centro de culto cristiano se mantuvo en uso, por lo que muy posiblemente algunas de las personas que habitaban en el arrabal fuesen de religión cristiana.

Las casas se adosan unas a otras en grupos de dos o más viviendas, con distintos tamaños y distribución, aunque con elementos comunes a todas ellas. Se agrupan en manzanas y se disponen alrededor de calles o se abren a adarves, más angostos y sin salida. Exceptuando las casas que podríamos denominar singulares, por su tamaño, configuración formal y distribución interna, la mayor parte de las viviendas presentan un solo patio, y a veces un huerto. El patio solía ser el espacio reservado a ocupar el centro de la vivienda y por regla general su tamaño superaba al de las habitaciones principales. Alrededor del mismo se levantaban las diferentes crujías, cuyo número oscilaba en función de los recursos de sus propietarios. Hay elementos comunes a todas las viviendas –patio, salón y zaguán-. El resto de habitaciones –alcobas, despensas, establos etc.-, cuando se dan, aparecen dispuestas de manera aleatoria, pudiendo tener las mismas estancias diferentes usos.

El tamaño, junto con la complejidad de la distribución del espacio interno de cada casa, son los indicios indirectos del status económico de dueños e inquilinos. Suponemos que a mayor tamaño y complejidad, mayor riqueza, y a menor tamaño mayor escasez económica. Por lo demás, las casas de Cercadilla no ofrecen materiales suntuarios que transmitan sofisticación o refinamiento por parte de las gentes que las habitaron. Seguramente, fue la cultura material la que debió enriquecer y adornar a estas viviendas. Alfombras, muebles, cerámica, hueso, vidrio o placas decoradas diferenciarían a cada una de las casas, pero de todo ello no nos quedan más que algunas muestras, aquellas que los dueños e inquilinos de las residencias desecharon, ya que la mayor parte del ajuar doméstico fue retirado al comenzar los problemas derivados del clima de inseguridad que daría paso en el 1010 a la guerra civil y al final del califato cordobés.

A partir del siglo XI el arrabal se abandona y las viviendas se desmoronan, sepultando lo poco que dejaron sus antiguos propietarios. Más tarde, ya en el siglo XII, en una zona muy localizada del yacimiento se levantó una alquería destinada a la explotación agrícola y a la producción alfarera (se ha localizado un horno que suponemos destinado a la cocción de cerámica). Esta instalación se abandona en el siglo XIII, muy probablemente como consecuencia de la entrada de las tropas cristianas en Córdoba en 1236.

M.C.F. y R.H.P.


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