Entre los meses de Noviembre de 2002 y Julio de 2003 tuvo lugar esta intervención que tenía como objetivo valorar y aquilatar la naturaleza de los muros romanos documentados en la década de los treinta del pasado siglo en la parte posterior de la antigua facultad. Estos restos venían interpretándose desde la década de los ochenta como el segundo circo o hipódromo romano que tuvo la capital cordobesa a lo largo de su Historia.
A pesar de estas premisas iniciales, la excavación deparó una gran sorpresa, al encontrarse una malla de muros de sillería, que, principalmente por su planta, conformaban parte del sostén del graderío suroriental del anfiteatro, descubriéndose así, uno de los edificios gladiatorios más grandes del Imperio.
Construido a partir de mediados del siglo I d. C., el estudio de este coloso, que se mantuvo con su uso habitual hasta el siglo III d. C., no ha hecho nada más que comenzar. Su estratigrafía es muy compleja, observándose reutilizaciones tardoantiguas de parte del graderío con la aportación de una estructura semicircular aún por interpretar. Sobre él se dispuso también un arrabal andalusí.
Uno de los aspectos más llamativos y singulares del anfiteatro cordobés es que conocemos, gracias a la valiosa colección de epígrafes funerarios del Museo Arqueológico Provincial, los nombres de algunos de los gladiadores que participaron en los espectáculos allí desarrollados, son Probus, Actius, Satur...